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Cinco respuestas verdes a la ‘adicción’ al gas ruso


La guerra en Ucrania ha evidenciado la dependencia que la Unión Europea tiene del gas que compra a Rusia. “Ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de nuestro modelo de producción basado en las energías fósiles que tiene reflejo en la crisis climática, el desorbitado aumento del precio de la electricidad y el transporte”, analizan conjuntamente Greenpeace, SEO-Birdlife, WWF, Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción, que han diseñado una alternativa verde a esta adicción gasística.


El Ártico, la clave que conecta el cambio climático con la crisis en Ucrania

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El enganche europeo a los hidrocarburos rusos es innegable. El propio responsable de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, ya ha avisado de que “tarde o temprano” la Unión deberá abordar acciones sobre los combustibles fósiles importados a Rusia: a 6 de abril, los estados europeos habían pagado 35.000 millones de euros al país eslavo por su gas y petróleo (mucho extraído de yacimientos en el Ártico cada vez más accesibles y aprovechables gracias a la desaparición del hielo del norte, debido a la misma crisis climática).  

Incluso Alemania ha emprendido una carrera para cortar esta dependencia, aunque, de momento, a base de firmar contratos de petróleo y carbón con otros estados productores. Estas cinco organizaciones ecologistas exponen una alternativa: una “rápida transición hacia un sistema energético eficiente, democrático y de fuentes 100% renovables” para “hacer frente a la emergencia climática y la dependencia fósil”.  

Temen que la guerra sirva de excusa para recuperar megaproyectos, que se llevan muchos millones de euros, para sortear el gas ruso a base de otros gases que hay transportar. No es un pensamiento inventado: se ha desempolvado el tubo gasístico Midcat que había sido descartado por su dudosa rentabilidad. Y España baraja convertirse en el almacén de gas europeo. “Supondría prolongar la dependencia de la UE de los combustibles fósiles”, analizan estos grupos ambientalistas.  

1- Desenganche del gas (y el petróleo)

Porque el gas natural es eso: un combustible fósil. Y la crisis climática es consecuencia del recalentamiento de la Tierra causado por la capa de gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera a base de quemar combustibles como el carbón, el petróleo y, también, el gas. Este hidrocarburo causa efecto invernadero y emite partículas ultrafinas dañinas. La respuesta de estos cinco grupos pasa por:

  • En lugar de descuentos generalizados a combustibles que “suponen un alto coste al Estado, tienen un perfil distributivo regresivo y no desincentivan el consumo ni la generación de emisiones”, crear un “bono social especial para los grupos sociales más desfavorecidos dedicado a sostener la movilidad de estas personas”.
  • Refuerzo del transporte público tanto urbano como periurbano: apoyos directos a las empresas municipales de transporte para reforzar sus servicios ante la subida del coste de los combustibles. “Incentivaría el cambio desde el vehículo propio, lo que contribuiría a un menor consumo de combustible de las familias y menos emisiones de CO2”, aporta esta propuesta. El transporte por carretera, en general, genera el 25% de los gases invernadero que lanza España a la atmósfera. En este sentido, sugieren la sustitución de carriles de coche por carriles Bus-VAO o ciclistas para entrar en las ciudades.
  • Acelerar el abandono fósil: su idea es que todo el sistema eléctrico fuera 100% renovable en 2030 y toda la energía en 2040. “El despliegue de renovable debe ser respetuoso”, añaden. Eso qué significa: priorizar tejados y suelos degradados para la instalación de placas solares. También suelos urbanos e industriales. “Hace falta una normativa que regule esta priorización”.
  • Casas: “una inversión a gran escala para descarbonizar los hogares”. Básicamente, que las casas usen menos energía y la que empleen sea de cero emisiones de gases invernadero. Los hogares suponen el 20% de las emisiones de CO2 en España. La clave está, dicen, en el “ahorro energético y el autoconsumo”. También consideran fundamental que haya dinero para “la rehabilitación energética de los edificios”. Los edificios españoles, no solo los hogares, emiten algo más del 9% del CO2.
  • Precio de la electricidad sin gas: “Que las personas se beneficien del abaratamiento que aportan las energías renovables”, reclaman. La generación eléctrica emite el 12% del CO2 español. Es lo que ha venido a reconocer la excepcionalidad ibérica negociada por España y Portugal con el resto de la Unión Europea y acordada con la Comisión para poner un tope al precio del megavatio hora generado con gas. Pero esa solución es temporal. Durará, de momento, 12 meses.

2 – Producción agrícola

A Ucrania se le llama “el granero de Europa”. La guerra en su territorio ha puesto encima de la mesa la necesidad de avanzar en la autosuficiencia alimentaria.

En realidad una buena cantidad del grano que importa España desde este país del Este es para alimentar animales de la industria ganadera: el 27% del maíz, el 12% del trigo y el 30% de tortas vegetales para ganado se compra a Ucrania. Rusia tiene gran influencia en el mercado de fertilizantes tanto directamente como con el gas natural que se utiliza en su fabricación.



Su solución incluye “la reducción del uso de fertilizantes, fitosanitarios, antimicrobianos y el desperdicio alimentario, como propone la hoja de ruta del Pacto Verde Europeo, así como por el incremento de la superficie en producción ecológica”, proponen los cinco grupos.   

  • Transición justa del sector ganadero “para terminar con las explotaciones industriales”: la propuesta de las organizaciones pasa por que “la producción se adecue al consumo nacional, que a su vez debe ajustarse a la capacidad de carga de los ecosistemas”.
  • Producción agrícola que implique menos hidrocarburos: con un aminoramiento de combustibles al relocalizar la producción de alimentos más cerca del consumidor, con menos fertilizantes minerales y químicos. “Este modelo exige”, dice la propuesta, “garantizar precios justos y dinero público para los bienes públicos generados por los agricultores y ganaderos”.
  • Atajar el desperdicio de alimentos: se va a la basura entre el 20 y el 30% de lo producido, calculan. El freno al desperdicio implica una larga cadena de eslabones desde la finca donde se producen, la industria, la distribución, los propios hogares y los negocios de restauración.

Esta alternativa verde remata que “la salida de las crisis provocadas por la COVID-19 y la guerra en Ucrania no puede aplazar las acciones para detener la pérdida de biodiversidad y atajar el cambio climático. Tampoco puede ser que las medidas afecten negativamente a la naturaleza”. De hecho, la degradación ambiental está detrás del estallido de enfermedades como el nuevo coronavirus. Y, al mismo tiempo, las mismas causas son las que alimentan la crisis climática.



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