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Cien bañeras de agua para conseguir un kilo de chocolate



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Beber un vaso de agua, lavar la ropa, cocinar, ducharse. Todas estas son actividades diarias que tienen un impacto en el consumo de agua. Una marca que queda reflejada en la factura del hogar y también en el planeta.

Para el 2050, se predice que entre 4.800 millones y 5.700 millones de personas vivirán en áreas con estrés hídrico durante al menos un mes al año, frente a los 3.600 millones actuales. Ir al grifo y ver caer el agua es algo habitual en muchas ciudades, pero no en todas.

El agua es un recurso cada vez más escaso y que está presente mucho más de lo que se puede llegar a pensar. Se estima que el 70% de la huella hídrica a nivel mundial está relacionada con los alimentos, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

China, India y Estados Unidos son los países con mayor huella hídrica del mundo pues acaparan el 38% del consumo de agua

Un kilo de chocolate necesita 17.196 litros de agua y una hamburguesa 2.400 litros. Esto incluye no solo el agua incorporada al producto en sí mismo, sino la que se ha contaminado, la devuelta al mar o la evaporada en todos los procesos.

China, India y Estados Unidos son los países con mayor huella hídrica del mundo pues acaparan el 38% del consumo de agua. Sin embargo, España no se queda atrás según Water footprint network, que calcula estas cifras.

De hecho, la Península Ibérica, España y Portugal, son los dos países de la Unión Europea con mayor huella hídrica con un consumo de casi 13.000 litros (6.900, Portugal; 6.700, España).

Cambio en la producción

Con unas reservas hídricas muy por debajo de la media, el concepto «estrés hídrico» cada vez está más presente en las agendas de los gobernantes. A pesar de las lluvias de las últimas semanas, los embalses nacionales están al 48% de su capacidad, 20 puntos porcentuales por debajo de la media de los últimos diez años.

Las restricciones a su uso ya han aparecido en algunas zonas del sur del país y la preocupación va en aumento. El pasado 2018, son los últimos datos disponibles en el Instituto Nacional de Estadística (INE), el consumo en España de este recurso fue de 118 litros diarios.

No obstante, los hogares no son los principales causantes de este ‘agotamiento’. La agricultura ocupa el 70 % del agua que se extrae en el mundo, y las actividades agrícolas representan una proporción aún mayor debido a la evapotranspiración de los cultivos.

A nivel mundial, más de 330 millones de hectáreas cuentan con instalaciones de riego. La agricultura de regadío representa el 20% del total de la superficie cultivada y aporta el 40% de la producción total de alimentos en todo el mundo. Entre los vegetales, calabazas y pepinos están entre los cultivos más sostenibles.

En este contexto de limitaciones, el mundo de la agricultura trabaja en la búsqueda de estrategias para reducir el uso de agua en la producción de alimentos. El riego por goteo es el más extendido por los campos españoles, pero no es la única tecnología adaptada a estas tierras.

El big data o el análisis de datos es una de las nuevas herramientas al alcance de los trabajadores de este sector para, entre otras cosas, vigilar y calcular la cantidad de agua que necesita un alimento. «Las explotaciones tienen que ser sostenibles y eso es lo que estudiamos», destaca Ieltxu Gómez, director de la Estación Experimental de Las Palmerillas de Cajamar.

Los trabajos realizados en sus centros con ayuda tecnológica de
IBM
demuestran que se puede ahorrar hasta un 13% de agua en el cultivo de tomate. «Este campo de habas, según nuestra experiencia, se riega cinco minutos a la semana», explica mientras recoge una habichuela de la planta. «Eso es un vaso de agua».

«El agua es el elemento vital de los ecosistemas (incluidos los bosques, lagos y humedales), de los que depende nuestra seguridad alimentaria y nutricional presente y futura», advierte la FAO que ya alarmaba hace unos años sobre el futuro hídrico al que se enfrenta el planeta.

Se espera que dentro de 30 años la población mundial alcance los 9.000 millones de personas, según Naciones Unidas, al tiempo que la demanda de agua crecería un 55%, principalmente en el sector industrial.

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