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«Provoca conflictos desde intereses nacionalistas anacrónicos»


Enviado especial a Malta
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El Papa Francisco ha reservado duras palabras sobre la guerra en Ucrania para su primer gran discurso en la isla de Malta, aunque no ha mencionado explícitamente ni a Moscú, ni a Kiev, ni a Vladimir Putin. Sin duda aludiendo al presidente ruso, el pontífice ha lamentado que «mientras una vez más algún poderoso, tristemente encerrado en las anacrónicas pretensiones de intereses nacionalistas, provoca y fomenta conflictos, la gente común advierte la necesidad de construir un futuro que, o será juntos, o no será».

Durante un encuentro con líderes políticos y representantes de la cultura de esta isla, en el espectacular Palacio del Gran Maestre, sede del presidente de la República, el Papa ha pedido que sea escuchado el grito de Europa por la paz.

«Pensábamos que las invasiones de otros países, los brutales combates en las calles y las amenazas atómicas fueran oscuros recuerdos de un pasado lejano. Pero el viento gélido de la guerra, que sólo trae muerte, destrucción y odio, se ha abatido con prepotencia sobre la vida de muchos y los días de todos», ha añadido.

En esta isla estratégica especialmente dañada por los bombardeos durante la II Guerra Mundial, el Papa ha pedido que «no desaparezca el sueño de la paz», pues «la paz produce bienestar y la guerra solamente pobreza».

Francisco estaba ante líderes políticos malteses en un impresionante salón de este edificio construido en 1571, pero se ha dirigido a todo el continente, pues ha lamentado que «del este de Europa, del Oriente, de donde surge antes la luz, han llegado las tinieblas de la guerra». Según el Papa, la guerra entre Rusia y Ucrania «se fue preparando desde hace mucho tiempo, con grandes inversiones y comercio de armas».

Evocando unas palabras del político italiano Giorgio Lapira, que en plena Guerra Fría decía que la vocación de los países del Mediterráneo es restituir «humanidad» a la sociedad, el obispo de Roma ha dicho que también ahora es necesaria «una medida humana» frente a la «agresividad infantil» y destructiva que nos amenaza, frente al riesgo de una «Guerra Fría ampliada que puede sofocar la vida de pueblos y generaciones enteras».

Sin citar nombres, el Papa Francisco ha condenado el «infantilismo» de quien se ha dejado llevar por «las seducciones de la autocracia, los nuevos imperialismos, la agresividad generalizada, la incapacidad de tender puentes y de comenzar por los más pobres».

Desde esta isla, encrucijada de culturas en el corazón del Mediterráneo, el Papa Francisco ha propuesto una vía a largo plazo para resolver la crisis. Se trata de propiciar «un diálogo cada vez más amplio, volver a reunirnos en conferencias internacionales por la paz, donde el tema central sea el desarme, con la mirada dirigida a las generaciones que vendrán. Y que los enormes recursos que siguen siendo destinados a los armamentos se empleen en el desarrollo, la salud y la alimentación», ha sugerido.

Emigración ilegal

El obispo de Roma ha viajado a Malta también para afrontar otra lacra del Mediterráneo, la emigración ilegal. Por eso, en este ámbito, ha reconocido que en los «últimos años, los temores y las inseguridades han provocado desánimo y frustración» y ha pedido a Europa que no se resigne a que este mar sea un cementerio de náufragos.

Según Francisco, para afrontar la cuestión migratoria hay que tener en cuenta que este fenómeno «no es una circunstancia del momento, sino que lleva consigo las deudas de injusticias pasadas, de tanta explotación, de los cambios climáticos, de los desventurados conflictos cuyas consecuencias hay que pagar».

«La expansión de la emergencia migratoria —pensemos en los refugiados de la martirizada Ucrania— exige respuestas amplias y compartidas. No pueden cargar con todo el problema sólo algunos países, mientras otros permanecen indiferentes. Y países civilizados no pueden sancionar por interés propio acuerdos turbios con delincuentes que esclavizan a las personas», en referencia a la devolución de emigrantes a Libia, donde quedan a merced de traficantes de seres humanos.

«El Mediterráneo necesita la corresponsabilidad europea, para convertirse nuevamente en escenario de solidaridad y no ser la avanzada de un trágico naufragio de civilizaciones», ha asegurado.

Como respuesta a los populismos que extienden por el continente «el miedo y la narrativa de la invasión», ha pedido un cambio cultural que lleve a «no ver al migrante como una amenaza y a no ceder a la tentación de alzar puentes levadizos y de erigir muros. El otro no es un virus del que hay que defenderse, sino una persona que hay que acoger», ha explicado.

Francisco ha abordado otras cuestiones como la corrupción, un tema candente en Malta desde el asesinato de Daphne Caruana, o la deriva hacia la eutanasia.

Tras el discurso ante los líderes políticos, el Papa se ha asomado al balcón central del palacio, para saludar a unos dos mil jóvenes que siguieron el discurso ante pantallas gigantes en la Misrah San Gorg, la plaza de San Jorge. Un gesto del pontífice para subrayar papel en la construcción del futuro.

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