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Yolanda Díaz se refugia en un pueblo de 850 vecinos para su único mitin


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Llegó a la campaña electoral cuando ya tocaban la campana, con los ‘pitos’ de las señales horarias, que se diría en el argot radiofónico. Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno, entró ayer en la faena electoral, aunque sólo empleó una mañana y lo hizo, casi en familia, en el municipio vallisoletano de Castronuño (850 vecinos) que cuenta con uno de los posos alcaldes de la provincia de IU.

Fue una
visita entrañable, sin agobios, con abrazos y selfies
e, incluso turística. «¡Qué bonito, Dios!», exclamó al contemplar desde el Mirador de la Muela cómo el Duero, ya laminado, dibuja amplios meandros. Antes se había reunido en el Ayuntamiento con cargos de Unidas Podemos en la zona para, desde allí, pasear hasta un pequeño anfiteatro y participar en un acto público.

Pequeña comitiva, cual «procesión como las que hacemos en las fiestas», según reconoció una vecina que se sumó al desfile. Antes del mitin, declaraciones a los medios delante de la escultura de ‘La cantarera’, homenaje de Castronuño a las mujeres que «con su esfuerzo, dedicación y generosidad hicieron posible la sostenibilidad de las familias y el desarrollo de nuestra sociedad», según reza en la inscripción, y que recuerda a las mujeres que subían día tras día desde una fuente próxima al río con cántaros de agua.

Junto a la ‘cantarera’, con el Duero de fondo y acompañada por el candidato de Unidas Podemos a la Junta, Pablo Fernández, y la número dos Valladolid, María Sánchez, Yolanda Díaz se dirigió a los medios de comunicación. «No he podido venir antes, ya saben ustedes por qué», comenzó por señalar a modo de excusa, dando a entender que sus últimas ‘labores’, como la reforma laboral o el aumento del Salario Mínimo Interprofesional se lo habían impedido. Y aquí lanzó las primera andanada al candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco (luego las repetiría en el mitin). «¿Quién demonios puede votar y acompañar un proyecto político que se coloca enfrente de la gente trabajadora y a favor de los que más tienen?», dijo en alusión al dirigente popular. Porque, según apuntó, el aumento del SMI beneficiará en la Comunidad a 73.000 trabajadores.

Después se subió al argumento de la semana que no es otro que la posibilidad de que
PP acuda a Vox para mantener el gobierno de la Junta
. «Nos jugamos que el partido del odio entre en la educación, la sanidad y la dependencia de nuestras familias», dijo, y lamentó que no haya una «derecha» como la europea para poner un «cordón democrático» a fuerzas que están «fuera» del sistema.

El acto electoral fue en un coqueto anfiteatro ante unas 150 personas, muchas desplazadas desde Valladolid, entregadas a la causa. Antes de entrar en harina, es decir, de defender las políticas fiscales y sociales del Gobierno PSOE-UP, recurrió a quien, según dijo, ha hecho «la mejor aproximación al mundo rural», Miguel Delibes, cuya obra «me fascina» porque «nos enseñó lo que representa un pueblo, su ética, su dignidad, y nos habló de la producción sostenible y compatible con la vida». En la tierra de Delibes, referirse a él es éxito asegurado así que siguió comparando ‘El disputado voto del señor Cayo’, con los candidatos que actualmente «sólo acuden a los pueblos a pedir el voto» lo que termina en una «desafección política» como ahora.

Para terminar, gritos de «Sí se puede» de los militantes y simpatizantes que cofían en que UP sume con el PSOE para un gobierno de izquierdas en Castilla y León. Y más abrazos y exclamaciones de «guapa» y «valiente».

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