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Sánchez se pega a Scholz para no perder peso en la UE ante el debate nuclear y el de las reglas fiscales


Madrid
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La llegada de Olaf Scholz a la
cancillería alemana
va a constituir una clave muy importante para los planes de Pedro Sánchez en la segunda parte del mandato. Las expectativas en La Moncloa son muy altas. Ambos mantienen una relación «de amistad» y «se conocen fenomenal», plantean en la Presidencia del Gobierno. Ya desde hace semanas se habla de la posibilidad de que se produzca un encuentro entre ambos muy pronto. Scholz ya ha visitado París, Roma, Bruselas y Varsovia.

España asume que esas capitales tienen preferencia desde la óptica germana. Pero tiene la ambición de que en el nuevo esquema de relaciones Sánchez tenga un lugar preferente en la interlocución con Scholz, porque en el Gobierno defienden que son «los dos grandes líderes socialdemócratas» del continente.

Ambos han fraguado su relación esencialmente en las reuniones del Partido Socialista Europeo previas a los Consejos Europeos. Los dos han coincidido ya después de la
victoria de Scholz
en un foro organizado por el Partido Demócrata italiano en Roma.

Los grandes temas del futuro tienen que ver con la autonomía estratégica, donde la Francia de Emmanuel Macron empuja con fuerza en materia de Defensa. Los socialistas europeos creen, no obstante, que «el debate todavía no está muy maduro». En este punto la posición de España, que no se opone frontalmente a lo que plantea Francia, tiene muchos puntos en común con la posición de Alemania, que marca más distancias y que siempre insiste en destacar que ningún plan de futuro al respecto puede trasladar la idea de que se puede garantizar la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de Europa sin la OTAN y Estados Unidos.

Los socialistas valoran en oposición a esta cuestión de corte militar que con Scholz «se va a poner más el acento en las políticas medioambientales». Aquí se ha producido el gran hito de esta semana: la
propuesta de Bruselas de la clasificación de las energías verdes
que sirven de guía para las inversiones en materia de energía y en cuyo borrador se incluye como energías verdes la energía nuclear y el gas natural.

Ya en el mes de julio Alemania, Austria, Dinamarca, Luxemburgo y España emitían una carta conjunta a la Comisión Europea donde solicitan dejar fuera a la energía nuclear de las ayudas y los impuestos más bajos que tendrán las renovables.
Las posiciones se han reproducido esta semana
. Aunque en España extienden su rechazo al gas natural. Aquí, Alemania no lo tiene tan claro. Porque el gas natural, al igual que la nuclear para Francia, es clave para su ‘mix’ energético. Aquí, la presencia de los Verdes en la coalición de Scholz consolida la posición sobre las nucleares, pero existen dudas de que pueda extenderse el rechazo al gas natural.

En el Gobierno intentan trabajar la idea de que el planteamiento de la Comisión Europea no es definitivo. En el Ejecutivo apuntan que el movimiento de la Unión Europea tiene mucho que ver con un mensaje que se ha querido lanzar a Rusia para demostrar que no existe tanta dependencia energética.

Un hueco ante París y Roma

Pero el gran tema a corto plazo va a ser el debate sobre si se modificarán las reglas fiscales de la UE, actualmente suspendidas por la respuesta económica a la pandemia. Ahí se espera una posición «muy alineada» de París y Roma, que ya ha cristalizado en un documento conjunto. En Moncloa también apuntan que en ese debate el presidente Sánchez va a querer marcar posición y que se espera de Scholz una postura que no se ciña a los tradicionales postulados germanos, pese a que en su coalición y al frente del Ministerio de Finanzas se encuentran los liberales. Esto último se reconoce como una alteración respecto a lo que se podría esperar de un gobierno socialdemócrata. Pero se intenta poner en valor que, ya en la última etapa de Merkel, Scholz «fue uno de los que más empujó por la mutualización de deuda en los fondos de respuesta al Covid», recuerdan en el Gobierno.

El
Pacto de Estabilidad
que ha regido el alma económica de Europa hasta que llegó la crisis del coronavirus estipula como sus dos principales principios rectores un déficit anual del 3% del PIB y que la deuda de los Estados tiene que estar por debajo del 60%. Se trata de unas normas que no encajan con el estado de las cuentas públicas de los Estados miembros tras la respuesta a la pandemia. España va en una línea muy similar a la que pueden plantear París y Roma en algunas partes de su propuesta: «Del mismo modo que estas normas no restringieron nuestra respuesta a la pandemia, ahora tampoco deberían impedirnos realizar todas las inversiones necesarias», han recalcado en un documento conjunto Macron y Draghi. Aunque ambos también apuestan por «frenar el gasto público recurrente mediante reformas estructurales sensatas», a la vez que se permite tener «más margen de maniobra y poder realizar los gastos clave necesarios para nuestro futuro y nuestra soberanía».

Pero ante todo lo que quiere el Gobierno español es que en 2023 estas reglas que ahora están suspendidas no vuelvan a aplicarse porque hayan sido reformadas. Y para que ese objetivo prospere es fundamental que la reforma pueda cristalizar. Y es ahí donde Moncloa entiende que es importante abordar la cuestión junto a Alemania de modo que la reforma tenga más visos de prosperar, plantean fuentes gubernamentales. Además, no se observa la misma relación con Macron que al principio de su mandato. Y desde luego nunca se ha alcanzado con Draghi el nivel de complicidad que Pedro Sánchez tuvo con Giuseppe Conte una vez logró librarse de Matteo Salvini y gobernaba con apoyo del Partido Democrático.

¿Más o menos influencia?

Cuando Pedro Sánchez llegó a La Moncloa lo hizo de forma automática como principal líder socialdemócrata de una familia política que todavía navegaba sus peores momentos. En el verano de 2019 fue el principal negociador de los socialdemócratas en el proceso de nombramiento de los nuevos altos cargos de las instituciones comunitarias. Ahí se produjo la famosa instantánea de Sánchez negociando junto a Emmanuel Macron y Angela Merkel. Aunque no fue una negociación que terminase bien para el presidente. Ya que su principal pretensión era colocar a Frans Timmermans como presidente de la Comisión Europea.

Ahora Scholz ocupa de forma automática esa condición de líder socialdemócrata en detrimento de Sánchez. Pero
en el Gobierno y en el PSOE no ven en ello nada negativo
, aunque sí obliga a Sánchez a reordenar su política de alianzas. Desde el partido socialista en Bruselas creen que por encima de todo lo que supone Scholz «es una garantía en agenda económica» y que con su llegada al cargo se «consolida» la línea económica que impera en la Unión Europea como respuesta a la pandemia: «Nuestra agenda es la que se está impulsando. Hay un sentimiento de más fortaleza en la UE. El discurso de la crisis de la socialdemocracia ya no existe. Nos daban por muertos y eso ya se ha despejado. Eso como familia política da mucho músculo», celebran desde Bruselas.

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